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El río Bogotá desciende 3.020 metros, su nacimiento su desembocadura, después de recorrer sus kilómetros y sus 6.000 kilómetros cuadrados de área de su cuenca, que serpentea aletargadamente, transportando una sopa tóxica que nos hace recordar el tristemente célebre ‘corredor del cáncer’: de fuente de vida pasó a convertirse, por la acción antrópica, en una alcantarilla a cielo abierto de longitud magnánima, cuyo detritus mortal arroja a 280 msnm en el Río Grande de la Magdalena, en el municipio de Girardot.
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